Publicado en el año 2018 por Francisco Frezzini en Mercedes del Pasado.
Aunque la provincia es creyente a lo largo y a lo ancho, en Mercedes no está sólo la historia del gaucho Antonio Mamerto Gil Núñez. Desde la más reciente Juanita Cabrera, hasta San La Muerte, el lugar parece ser la cuna de las creencias provinciales que cruzan el perímetro de la fe regional para ser parte del país. “Ella se llama Juanita Cabrera, era la hermana de mi mamá”, dice Elvira Barreto, que está parada en el living de su casa mercedeña del barrio Arturo Illia, mostrando un cuadro de su tía, nuevo objeto de veneración desde hace ocho años. “De chiquita empezó a sentir algo anormal, que no se entendía. Era una chica muy callada, muy privada. Un día volvió de rezar y contó que un viejito la veía rezar de noche. ´Yo veo cosas más allá de lo que ven ustedes. Veo si papá está en peligro cuando caza tigres en el monte´. El viejito, que decía ser su padre, le decía que ella iba a ser distinta a todos.”
Elvira despliega un magnetismo que congela las preguntas y fija las miradas, como si ella tuviese un poco del misterio tejido en vida por su tía. “Quiero hacer una prueba, le dijo a su familia. Tomó a todos sus hermanos de la mano y le pidió, con la luz apagada, que la llamasen. Cuando prendieron la luz Juanita no estaba: había salido de la pieza sin que nadie se diese cuenta. Eso me lo contó mi mamá”, dice Elvira. “Cuando iba a nacer mi tío, Domingo Cabrera, Juanita le tocó la panza a su mamá embarazada y le dijo que el niño –su hermano- que estaba gestando la iba a llevar. Nos vamos a quedar solitos le dijo. Y fue así, el 4 de agosto nació el bebé y el 20 falleció”.
Juanita fue a dar a la casa de Valentina Sánchez, una vecina que la crío junto con el tío Domingo y la mamá de quien relata la anécdota. Anunció que iba a morir joven porque eso le había dicho el viejito que le encontraba rezando en el altar de la estancia. Murió a los 15 años de sarampión y a las horas resucitó, se prendió del pecho de su hermana y dijo que volvía para ayudarle a la gente porque su padre la había enviado de vuelta. Empezó a curar a la gente, desafió a quien no creía en sus dones anunciándole su asesinato, que ocurrió al año.
Cerca de Rincón del Diablo, en un paraje alejado de Mercedes llamado Tacuaral, donde vivió Juanita, la recuerda una señora a sus 99 años, pues vivió con ella hasta la muerte de Juanita, en 1936.
Encarna Juanita un origen rural, una muerte misteriosa, el milagro de sanar y la cárcel sin razón. Un comisario quiso escarmentarla encerrándola una noche. Cuando el comisario despertó, Cabrera había sorteado los tres candados y salió caminando, con la misma serenidad con la que entró.
Llegaba en carro a curar a la gente bajo un tinglado improvisado donde alguien tomó la única foto suya, en la que Juanita aparece con cara de ángel.
El 5 de octubre marchan en procesión a una tumba celeste del paraje donde falleció. Lo hacen en silencio, porque a la santa –por su virginidad- no le gustan las fiestas. En Mercedes es popular un relato: quien toca el agua que emana de su tumba de Itatí Rincón tendrá salud.
Tiene su propia oración, la que invocan para curar en su nombre. Dicen que cuando los pájaros cantan en grupo, el espíritu sanador de Juanita ronda el aire correntino.