Internacional, Saturday 28 de February de 2026

El presidente estadounidense, Donald Trump, confirmó el fallecimiento del ayatolá luego de un bombardeo contra objetivos estratégicos en la capital iraní. 

El líder supremo del régimen iraní, Ali Khamenei, murió este sábado tras los ataques aéreos conjuntos realizados por Estados Unidos e Israel contra objetivos estratégicos en Teherán. La información fue confirmada por el presidente estadounidense, Donald Trump, a través de su red social Truth Social, donde calificó al ayatolá como “una de las personas más malvadas de la Historia” y afirmó que su muerte representa “justicia para el pueblo de Irán y para las víctimas en todo el mundo”.

Horas antes del anuncio oficial, el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, había señalado en un discurso televisado que el complejo de seguridad del líder iraní había sido destruido en un “poderoso ataque sorpresa” en el corazón de la capital, y que existían fuertes indicios de que Khamenei no había sobrevivido. Medios israelíes informaron luego que su cuerpo habría sido recuperado entre los escombros del complejo residencial alcanzado.

Khamenei ocupaba el cargo de líder supremo de Irán desde 1989, cuando sucedió al fundador de la República Islámica, Ruhollah Khomeini. Desde esa posición ejercía el máximo control político, religioso y militar sobre el país. Previamente había sido presidente entre 1981 y 1989, en una etapa marcada por la guerra con Irak y la consolidación del sistema surgido tras la revolución que derrocó al sah Mohammad Reza Pahlavi.

Nacido en 1939 en Mashhad, Khamenei se formó como clérigo chiita y fue uno de los discípulos más cercanos de Khomeini. Durante el régimen del sah fue encarcelado en varias oportunidades por su activismo opositor. En 1981 sobrevivió a un atentado que le dejó secuelas permanentes en su brazo derecho, y ese mismo año ganó las elecciones presidenciales, consolidando su influencia dentro del sistema político iraní.

Durante más de tres décadas como líder supremo, concentró el control de las principales instituciones del Estado, incluida la poderosa Guardia Revolucionaria. Su gestión estuvo marcada por una política interna de fuerte represión contra opositores y por una estrategia regional orientada a expandir la influencia de Irán en Medio Oriente.

El malestar social se intensificó en los últimos años, especialmente tras la muerte de Mahsa Amini, que desencadenó masivas protestas y puso en evidencia el creciente descontento de amplios sectores de la sociedad.

La muerte del ayatolá abre ahora un complejo escenario de sucesión dentro de la cúpula del poder iraní. Entre los nombres que podrían disputar el liderazgo figura su hijo, Mojtaba Khamenei, aunque analistas advierten que las divisiones internas entre las distintas facciones del régimen podrían derivar en una intensa disputa política.

El contexto se vuelve aún más incierto tras la reciente muerte del presidente iraní, Ebrahim Raisi, quien era considerado uno de los principales candidatos a sucederlo. Con la desaparición de la figura que dominó la política iraní durante más de tres décadas, el país enfrenta una etapa de transición que podría redefinir el equilibrio de poder en Medio Oriente y marcar el rumbo del régimen en los próximos años.