Mercedes, Tuesday 26 de May de 2026

APINTA cuestiona propuestas de “redefinir” el rol del INTA y advierte sobre su desmantelamiento

La Asociación del Personal del INTA respondió a una columna publicada en Clarín Rural y defendió el rol del organismo en territorios donde el mercado no invierte. Alertan sobre pérdida de personal, cierre de agencias y venta de activos.

La Asociación del Personal del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (APINTA) salió al cruce de la nota “La ciencia cambia, el país cambia: qué INTA necesita la Argentina”, publicada el 23 de mayo en Clarín Rural, en la que se propone reconfigurar el rol del organismo, con mayor participación del sector privado y de las provincias en tareas de extensión y transferencia tecnológica.

Desde el gremio, que representa a los trabajadores del INTA, consideraron que esa propuesta “puede resultar razonable en abstracto”, pero sostuvieron que “no resiste el contraste con la realidad territorial de la Argentina”.

¿Quién investiga donde no hay negocio? El eje central del planteo de APINTA se enfoca en lo que definen como una “falla estructural de mercado”: la ausencia de incentivos privados para investigar y desarrollar tecnologías en sectores y regiones de baja rentabilidad. “¿Qué empresa o qué gobierno provincial financiaría investigaciones sobre tabaco, caña de azúcar o yerba mate para pequeños productores del NOA y NEA? ¿Quién desarrollaría variedades andinas o trabajaría sobre problemáticas específicas como plantas tóxicas para el ganado en la Patagonia árida?”, plantearon.

Según el gremio, esas tareas son hoy realizadas por el INTA gracias a equipos consolidados, conocimiento acumulado y presencia territorial en zonas donde “ningún actor privado llega porque no hay retorno económico en el corto plazo”.

Pérdida de personal y estructura Además del debate conceptual, APINTA advierte que el rediseño del organismo ya se está produciendo en la práctica a través de un proceso de reducción operativa. De acuerdo al relevamiento presentado:

Entre diciembre de 2023 y abril de 2026, el INTA perdió 1.145 trabajadores.

297 corresponden a retiros voluntarios y 848 a renuncias, jubilaciones o ceses.

El organismo registró, en promedio, la baja de más de un agente por día.

Desde la asociación remarcan que estas pérdidas implican “conocimiento acumulado, experiencia territorial y vínculos con el sector productivo que no se reemplazan fácilmente”. Cierre de agencias y venta de activos

A esa situación se suma la reducción de la red territorial:

En febrero de 2026 se eliminó la Estación Experimental Agropecuaria AMBA junto a nueve agencias de extensión.

En abril se aprobó el cierre de otras 14 agencias en distintas regiones del país.

El plan general contempla bajar de 299 a 252 Agencias de Extensión Rural. También se proyecta la venta de más de 42.000 hectáreas de campos experimentales y la reducción de la planta total de 5.800 a 4.500 trabajadores. Para acelerar ese proceso, se lanzó un nuevo régimen de retiro voluntario con vencimiento el 31 de mayo de 2026.

El ejemplo internacional

Respecto al modelo estadounidense citado en la nota original, APINTA destacó que el sistema de universidades Land Grant y el Departamento de Agricultura (USDA) “es público, federal y cuenta con un presupuesto superior a los 150.000 millones de dólares anuales”. “Estados Unidos no redujo el rol del Estado en la investigación agropecuaria: lo expandió y lo financia de manera masiva”, señalaron.

Un debate con posiciones

El gremio también contextualizó el origen de la propuesta cuestionada, señalando que fue elaborada en el ámbito del Consejo Argentino para las Relaciones Internacionales (CARI) y f irmada por integrantes del llamado Grupo CEO, al que vinculan con posiciones históricas a favor de la desregulación económica.

Sin embargo, aclararon que el debate es legítimo, aunque consideran necesario “explicitar los intereses desde los cuales se formula”.

Una institución estratégica

En su conclusión, APINTA sostuvo que el INTA “necesita más inversión, no menos”, y defendió su rol como herramienta clave para sostener la investigación pública y la soberanía tecnológica agroalimentaria.

“El verdadero riesgo no es tener un INTA del siglo XX —señalaron—, sino perder la única institución capaz de generar conocimiento y acompañar a los productores en todo el territorio, incluso allí donde el mercado nunca va a llegar”.