Fue unas de las frases del magistral discurso del Prof. Héctor González Martín quien integra la Asociación Belgraniana de la ciudad de Mercedes.
En sus palabras alusivas durante el acto del 20 de junio en la Plaza 25 de Mayo en la ciudad de Mercedes Corrientes dijo “Nos encontramos hoy para conmemorar, un año más, el paso a la inmortalidad del General Manuel Belgrano, una de las figuras, sin duda, más altas de nuestra historia y creador de la bandera que nos representa como Nación”.
“Pero recordar a Belgrano no es solamente evocar una figura del pasado. Es, sobre todo, recuperar un ejemplo que nos interpela y nos obliga a pensar el presente” apuntó.
“Belgrano fue un protagonista central del proceso de independencia, pero también fue algo más profundo: un hombre que entendió que la construcción de una patria libre no dependía únicamente de romper los lazos con un poder extranjero, sino de formar una sociedad capaz de sostener esa libertad. Y en ese sentido, su pensamiento puede resumirse en una frase tan sencilla como exigente: “Nada importa tanto como tener hombres honrados”.
“Esta idea encierra una verdad fundamental: no hay república posible sin una base moral sólida. No alcanza con dictar leyes, ni con organizar instituciones, ni con proclamar derechos, si no existen ciudadanos y dirigentes capaces de actuar con honestidad y sentido del deber. Belgrano comprendía que la política debía ser, ante todo, una actividad ética. No un espacio para el beneficio personal, ni una herramienta de ambición individual, sino un servicio orientado al bien común. Para él, gobernar implicaba una responsabilidad moral, una verdadera forma de entrega. Y su vida fue coherente con ese principio. Renunció a privilegios, donó los premios que recibió por sus victorias para la construcción de escuelas y atravesó dificultades personales sin apartarse de su compromiso con la Patria. No buscó enriquecerse ni destacarse, sino cumplir con lo que consideraba su deber” expresó el joven profesor.
“Pero su pensamiento no termina allí. Belgrano sabía que la calidad de la vida pública no depende únicamente de quienes ocupan cargos, sino también del comportamiento de la sociedad en su conjunto. Una república no se sostiene solamente con buenos dirigentes, sino también con ciudadanos responsables. Por eso otorgó un lugar central a la educación. No solo como transmisión de conocimientos, sino como formación de virtudes y valores. Porque entendía que sin educación no hay ciudadanos libres, y sin ciudadanos libres no hay república posible”.
La libertad -palabra tan famosa de un tiempo a esta parte en nuestra sociedad- en el pensamiento belgraniano, no era una idea abstracta. Era una construcción cotidiana, que exigía disciplina, compromiso y virtud. No se trataba de hacer lo que cada uno quisiera, sino de actuar con responsabilidad frente a los demás. En este sentido, la moral pública no es una exigencia del otro, sino una construcción colectiva. Se expresa en las grandes decisiones, pero también en los pequeños actos diarios: en el respeto por las normas, en el cuidado de lo que es de todos, en la honestidad con la que cada uno desempeña su tarea.
En consecuencia, Belgrano entendía que los pueblos no se corrompen de un día para otro, sino cuando se naturalizan las pequeñas faltas, cuando se debilita el sentido del deber y cuando el interés individual comienza a imponerse sobre el bien común. Por eso su mensaje sigue siendo tan actual. Nos recuerda que la fortaleza de una nación no depende solamente de su economía o de su poder, sino de la integridad de su gente.
La bandera que hoy honramos no es solo un símbolo patrio. Es también la expresión de un ideal: el de una sociedad justa, educada, responsable y comprometida con valores que hagan posible la convivencia.
Bien podríamos aplicar en este día aquellos versos de aquel poeta goyano que, si bien escritos para San Martín, también los podemos aplicar en este día a Manuel Belgrano:
“¿Que estamos haciendo aquí, al pie del bronce sagrado?
La primera reflexión en este tu aniversario
es pensar pueblo y gobierno ¿qué hicimos de tu mandato?
Estas flores y discursos ante tu bronce sagrado,
son acaso garantía de saber qué celebramos,
Si en ello no va la vida, uniendo palabra y actos
todos estamos de más y todos somos falsarios.
¿De qué sirve, General, en este o en cualquier año
recordar tu trayectoria con un brillante inventario
si después con nuestras obras ignoramos tu legado?
General, aquí nos ves, dolor arriba y abajo,
todos pidiendo perdón por nuestros antiguos pecados.
General, aquí nos ves, tu pueblo, de pie esperando,
prendidos a tu mensaje: mil veces muertos, que esclavos…”