Nacional, Tuesday 30 de June de 2026

La cotización rompió la barrera de los $1.495 y alcanzó un nivel que no registraba desde noviembre de 2025. Menor ingreso de divisas, mayor demanda por turismo, energía y cobertura, junto con el desarme del carry trade, explican la aceleración del tipo de cambio.

El dólar oficial cerró el último día de junio en alza y alcanzó los $1.500 en el Banco Nación, quebrando el techo de $1.495 que había mantenido durante varios días y marcando su valor más alto desde el 3 de noviembre de 2025. En el mercado mayorista, el tipo de cambio también avanzó por encima de los $1.481, acumulando una suba mensual superior al 5,2%, el mayor incremento registrado en lo que va de 2026.

La presión cambiaria se intensificó durante el cierre de mes, una etapa en la que tradicionalmente aumenta la demanda de divisas por parte de empresas, importadores y exportadores. En este contexto, el volumen operado en el mercado mayorista superó los 817 millones de dólares, el nivel más elevado de las últimas 24 ruedas.

Desde el mercado financiero señalaron que el incremento de operaciones responde al cierre de pagos, cancelación de importaciones y cobertura de posiciones, una dinámica habitual en los últimos días de cada mes.

La estrategia del Banco Central

Frente al aumento de la demanda, el Banco Central mantuvo una política de compras moderadas de divisas para evitar ejercer una presión adicional sobre el tipo de cambio. Durante la última rueda de junio adquirió apenas 25 millones de dólares, acumulando compras por 1.371 millones en todo el mes, el menor saldo mensual desde el inicio de 2026.

Al mismo tiempo, creció con fuerza la operatoria en el mercado de futuros, donde aumentó el volumen de contratos negociados. Los analistas siguen de cerca la decisión del organismo sobre la renovación de los contratos que vencen, ya que consideran que será una señal clave sobre la estrategia cambiaria para el segundo semestre.

Qué impulsó la suba del dólar

La escalada del tipo de cambio responde a una combinación de factores que redujeron la oferta de dólares y aumentaron la demanda.

Por un lado, disminuyó el ingreso de divisas provenientes de emisiones de deuda de empresas y provincias en el exterior, mientras que el sector agropecuario ya liquidó gran parte de la cosecha gruesa durante abril y mayo, reduciendo el flujo de dólares comerciales.

Del lado de la demanda, influyeron tres factores principales: el mayor gasto de argentinos en el exterior por el Mundial de fútbol, la compra de dólares tras el cobro del aguinaldo y el incremento de las importaciones de gas y combustibles debido a la fuerte demanda energética del invierno.

A esto se sumó el desarme gradual del denominado carry trade, estrategia mediante la cual muchos inversores habían apostado por instrumentos en pesos para aprovechar las altas tasas de interés. Ante la expectativa de un dólar más firme en la segunda mitad del año, numerosos fondos comenzaron a cerrar esas posiciones y refugiarse nuevamente en la moneda estadounidense.

Además, el fortalecimiento del dólar a nivel internacional también contribuyó a ejercer presión sobre las monedas emergentes, incluido el peso argentino.

Qué espera el mercado

Las proyecciones del mercado reflejan la expectativa de que el tipo de cambio continúe avanzando durante el resto del año, aunque sin prever un salto brusco.

Los contratos de futuros negocian un dólar mayorista cercano a $1.510 para fines de julio, $1.537 para agosto y alrededor de $1.653 para diciembre, lo que implicaría una suba cercana al 12% en el segundo semestre.

En tanto, consultoras y bancos internacionales manejan estimaciones que oscilan entre $1.600 y $1.900 para el cierre de 2026, dependiendo del escenario económico y financiero.

Con un menor ingreso estacional de divisas y una demanda creciente, el Gobierno enfrenta ahora el desafío de sostener el equilibrio cambiario sin comprometer la acumulación de reservas. Las próximas semanas serán determinantes para definir la evolución del mercado y la estrategia del Banco Central.

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